Mi historia

Desde que nací en Mijas, un pueblo de Málaga, supe que necesitaba crear. De niña, cantaba canciones de Mónica Naranjo, Mozart o Luis Mariano; escribía cuentos de ratones, cosía carteras y bolsos de tela, hacía fotos, dibujaba, me disfrazaba, observaba a los caracoles cuando llovía, adoraba a los gatos… Sobre todo, cantaba. Hoy sólo soy la artista que brotó de aquellas semillitas de entonces. La música ha sido siempre mi gran pasión, es el eje sobre el que me construyo a mí misma. Por eso, entre otras cosas, empecé estudiando piano y canto en el Conservatorio Superior de Música de Málaga. En esa época hice mis primeras incursiones en el mundo del jazz junto a La Insostenible Big Band, y canté en mis primeros proyectos como solista: obras como el Messiah de Händel junto a la Orquesta Bética de Cámara; el Requiem de Mozart junto a la OCAL; el rol de Second Woman en Dido y Eneas junto a la Joven Orquesta Barroca de Andalucía; el rol de Maripepa en La Revoltosa junto a la Compañía Sevillana de Zarzuela; o la Sinfonía nº9 de Beethoven junto a la Orquesta Sinfónica y Coro Eduardo del Pueyo. La necesidad de seguir explorando me llevó a trasladarme a Bruselas a los 22 años. Allí, obtuve un Máster en Canto Lírico en el Conservatoire Royal de Bruxelles y seguí ramificando mi amor por la música. En Bélgica, trabajé en proyectos de jazz, de canto lírico, de música antigua… Y en un ámbito más privado, empecé a indagar en el folklore. 

Es en ése vaivén diverso y rico en géneros donde me mezco a gusto. Donde puedo ser yo. Bélgica me llevó a Opera Vlaanderen, el primer gran teatro en confiar en mi talento, al que guardo un rinconcito especial en mi corazón. También trabajé con el Choeur de Chambre de Namur y la Cappella Mediterranea. Tuve la suerte de conocer al tiorbista François Dambois, con el que actué en el Automne Musical de Spa, en Roermond, en Maastricht, o en los Musées Royaux des Beaux-Arts de Bruselas (a veces, a dúo; a veces acompañados de otros artistas del ámbito de la música antigua, a los que siempre admiré por su entusiasmo genuino). Participé en recitales como solista acompañada de la Chapelle des Minimes, la OSEL, la Chapelle Musicale de Tournai… Y fui contratada como cover para el rol de Konstanze en Die Entführung aus dem Serail (Mozart) para el Festival Midsummer Mozartiade.

Además, probé suerte en varios concursos internacionales: obtuve el 2º premio en el Concours des Nouveaux Talents de L’Art Lyrique 2017 (Château de Waroux); el 2º premio en el 9º Concours Lyrique International “Bell’Arte”; y fui finalista regional durante el concurso Voix Nouvelles 2018 en La Monnaie/De Munt. Empecé a sentir que tanta mezcolanza musical me resultaba incompleta si no participaban de ella otras disciplinas artísticas. Por eso, tanteé la poesía. Fotografié los entresijos del oficio y del día a día. Empapé mi entorno de tragicomedia autobiográfica haciendo vídeos, memes… Exploré el autorretrato, creé ilustraciones y las combiné con mis propios textos. Fundí mi artesanía con mi canto. Como artista, atesoro especialmente aquellos años en Bélgica. Las vueltas de la vida me trajeron de nuevo a España y, durante la pandemia por coronavirus, me ofrecieron un contrato fijo como soprano en el Coro del Teatro Real. Allí he trabajado incansablemente durante los últimos años. Uno de los momentos más especiales que he vivido en este escenario fue poder interpretar el rol de Mère aux Tonneaux durante la producción de Jeanne d’Arc au Bûcher, compartiendo escenario con Marion Cotillard, que siempre lograba ponernos a todos los pelos de punta. A pesar de haber actuado en proyectos increíbles y de haber conocido a artistas formidables durante mis años en el Teatro Real, las jornadas intensivas y su política de exclusividad me hicieron mella: no poder cantar en ningún otro proyecto fuera de sus puertas era una exigencia que, a la larga, no podía sostener. Necesitaba seguir expresándome libremente. Decidí dar un giro a mi vida: acudí a aprender joyería a varios talleres de Madrid y di forma a mi propio proyecto de artesanía, Madame Botijo, para forjar un espacio propio en el que verter mi identidad artística mientras trabajase en el Teatro Real. Y, finalmente, abandoné mi antiguo puesto en el Teatro Real y conseguí un contrato como miembro fijo del Coro del Teatro de la Zarzuela. Ahora, poco a poco, puedo volver a dar rienda suelta a todo lo demás, y puedo seguir amasando la extraña mezcla de cositas que me importan.